Desafiando una dura noche invernal, la Orquesta Sinfónica de Salta ofreció un interesante programa. El estreno de uno de los cuatro poemas sinfónicos del checo Dvorák, más la conocida y poco ejecutada Quinta sinfonía del austríaco Schubert.
Para Dvorák me interesa mencionar un aspecto: este poema sinfónico, La Rueca de Oro, contiene una importante dosis de fantasía, siniestralidad y delirio misterioso, cualidades comunes en los cuentos de Karel Jaromir Erben, escritor checo, cultísimo e inteligente que usó el criterio de cierto terror que tenían los cuentos infantiles en los siglos XVII al XIX en Centroeuropa ... Cautivado por ellos, Dvorák, que no fue el iniciador de la escuela nacional checa en materia musical -Smetana ocupa ese lugar-, sino que fue seguidor de este, construye con indudable capacidad sinfónica, una música de fanfarria…
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