En las anteriores ocasiones en que he visto a Valery Gergiev en concierto, sea con sus huestes de San Petersburgo o con las londinenses, en todas he salido decepcionado, con la impresión de que sus interpretaciones se quedaban a medio hacer, por falta de ensayos… o por falta de lo que fuera. Y a la vista del programa de esta noche, me temía igualmente lo peor: conozco el Wagner orquestal de Gergiev y me deja frío, el Concierto de Chopin tiene muy poca enjundia sinfónica, y la Patética es en muchas ocasiones aquella obra a la que recurren las orquestas rusas sólo para asegurar el cartel de “no hay billetes.” Me equivoqué. Y cuánto me alegra equivocarme de esta manera. Si esta misma mañana escuchaba aquí fragmentos del acto III de Lohengrin, ahora tocaba el famoso Preludio del acto I. Y aunque los violines se las vieron y se las desearon…
Comentarios