Merece la pena comenzar por la propina. Al término del programa, Ivan Fischer anunció al público de San Sebastián que la Budapest Festival Orchestra iba a interpretar Abendständchen, la primera de las Tres canciones, Op. 42 de Johannes Brahms, una obra para coro mixto. Los profesores de la Budapest se pusieron en pie y se reorganizaron alrededor del maestro y cantaron a seis voces, no con gran calidad vocal, pues no es su oficio, pero sí con indiscutible musicalidad y fascinante sencillez. No era un golpe de efecto. Abendständchen era un colofón festivo para un concierto exigente y también una declaración de principios. Allí estaban, en pie, uniendo sus voces en el escenario, profesores y profesoras que ya despojados de sus instrumentos parecían desnudos. Recordaban un grupo de amigos y amigas de esos que, tras algún tiempo, se han…
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