A Simon Rattle hay que reconocerle una gran imaginación para montar programas atractivos. Las Danzas sinfónicas se ven poco en los atriles de las orquestas, y otro tanto sucede con la versión íntegra de El Pájaro de Fuego. Por supuesto, además de esa circunstancia, hay elementos históricos que propician su interpretación en un mismo concierto: por de pronto, la simetría que supone el hecho de que las Danzas sinfónicas forman la última obra completada por Rachmaninov (1941), mientras que El Pájaro de Fuego es la obra que lanzó a Stravinsky a la fama (1910). Aunque, obviamente, su relación más clara está en el ballet: Mijail Fokin coreografió para Diaghilev El Pájaro de Fuego sin que Stravinsky pudiera meter baza, lo cual hizo que en el futuro echara pestes del bailarín (“la persona más desagradable con la que jamás he trabajado”); por el…
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