Cara y cruz de Mariss Jansons. Si en el concierto de anoche reunió una serie de obras a las que extrajo todo su jugo, en el de hoy mucho me temo que se quedó en la superficie de las cosas. Por de pronto, llama la atención el hecho de que el programa de ayer estaba integrado por piezas sin carga de profundidad, mientras que en el cartel de esta noche figuran obras que necesariamente dan que pensar. O que al menos merecen una interpretación que vaya más allá de las notas. Es el caso del Concierto para violín de Brahms. No hay que buscar aquí tres pies al gato, pero sí se le debe imprimir esa tensión sin la que una interpretación de las obras maduras de este autor queda incompleta. Y lamentablemente Jansons se limitó a acompañar a su solista, con todo el mimo del mundo (empezó por reducir la cuerda de la orquesta para no taparle) y con un…
Comentarios