Reino Unido

Interrogantes sin respuesta

Agustín Blanco Bazán
martes, 16 de septiembre de 2014
Londres, viernes, 25 de julio de 2014. Covent Garden. Moisés y Aaron. Ópera en dos actos con libreto y música de Arnold Schönberg (versión inconclusa sin el tercer acto). Directores de escena: Jossi Wieler y Sergio Morabito. Escenografía: Anna Viebrock. Iluminación: Tim Mitchell Elenco: Moses: John Tomlinson; Aaron: Rainer Trost; Una joven doncella/ Primera virgen: Elizabeth Atherton; Un joven: Alexander Sprague; Un hombre: Ephraimite Daniel Grice; Un sacerdote: Richard Wiegold; y Mujer enferma/cuarta virgen: Rebecca Afonwy-Jones. Orquesta y Coros de la Welsh National Opera (WNO) bajo la dirección de Lothar Koenigs. Welsh National Opera en el Covent Garden
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La versión de la ópera de Schönberg ofrecida por la WNO sigue siendo la de dos actos y es de esperar que la de tres, con esbozos del tercer acto completados por Zoltán Kocsis con permiso de los herederos del compositor, comience a circular más asiduamente por los escenarios internacionales. Sospecho que el mayor desafío de la versión revisada debe ser mantener la atención de una audiencia ya exigida al máximo con estos dos primeros actos desarrollados exclusivamente a lo largo de una serie dodecafónica. La diferenciación y el equilibrado énfasis puesto por Lothar Koenigs en su lectura fue uno de los mayores logros en la representación que comento y también el coro de la WNO cumplió su difícil labor con intensidad y deslumbrante redondez sonora.

Moses und Aron

La producción de Wieler y Morabito, importada de Stuttgart, transcurre en un contemporáneo cuadro escénico particularmente propicio para el incesante diálogo entre Moisés, Aaron y el pueblo judío en que anida el núcleo dramático de la obra. Se trata de una sala deliberativa de la Naciones Unidas en art deco (Ginebra entonces, no Nueva York), con hileras de bancos a lo largo de los cuales el pueblo se expande y repliega constantemente frente a un podio ubicado en el proscenio. El fondo es un gran ventanal blanquecino opaco cuyas cortinas se corren cuando la luz se hace insoportable, mientras, la iluminación eléctrica invade la sala. En el segundo acto la sala sirve de cine para la proyección de una película con el vellocino de oro y los espectadores vemos al pueblo siguiendo la acción reproducida en una imaginaria pantalla. Las caras iluminadas muestran sorpresa, luego regocijo y finalmente arrebatos orgiásticos que son satisfechos entre las butacas.

Sir John Tomlinson

Son todas éstas ideas tan excelentes como malogradas por un calculado estatismo y diferenciación de movimientos instruidos por la regie. La otra deficiencia fue, a mi juicio, mostrar a un Aaron (cantado con espléndida impostación y color por Rainer Trost) como un muchacho revolucionario light, una especie de hermano menor y tramoyista de sala enfrentando a Moisés con ingenuo arrebato de rebelde. Este es un personaje que pide mayor consistencia como alternativa de comprensión popular de la hermética e innombrable divinidad proclamada por Moisés, pero ¡que proclamaciones fueron estas en la voz de John Tomlinson! ¡Que lección la suya de Sprechgesang, con cada palabra articulada por su voz cálida, pastosa e insuperable en su mordente a través de frases de emotiva y clara sensibilidad! Su queja final a esa 'Palabra' que a él le falta (O Wort, du Wort, das mir fehlt!) fue un interrogante de lacerante intensidad y nihilismo, como la Inconclusa de Schubert o el final de la Novena de Mahler uno de esos momentos donde la música realza las preguntas sin respuesta que pesan en cada existencia: “el yo soy el que soy” de la zarza ardiente al comienzo no es, en la ópera de Schönberg, una respuesta válida al gran interrogante de su ópera.

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