“La pasión que nunca descansa” comenta la infaltable propaganda de Rolex en el programa de mano, esta vez actualizada con la foto de un Plácido Domingo saludablemente maduro. Y lo cierto es que este tenor cum barítono es lo mas parecido a un Oyster Perpetual Day-Date que puede mostrar el mundo de la ópera. Voz algo más seca, fuerza de proyección un poquitín más débil, y algunas notas bajas algo veladas para una impostación a veces tenoril. Pero cantó bien, muy bien en la escena final. El centro del registro tiene ese color y esa calidez tan típica de él y el apoyo para el passaggio es de formidable solidez. También siguen intactos su maestría en los recitativos y, como en este caso, una presencia escénica capaz de superar la mas errática de las puestas. Domingo sobre las tablas es como un pez en el agua: observa a los demás personajes,…
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