“¿Si puó? ¿Si puó? Signore, Signori, Scusatemi, se da sol mi presento: ¡Io sono il prólogo!” A telón cerrado, como en la antigua usanza shakesperiana, Tonio (barítono) es la primera voz que se oye en la ópera que pertenece al llamado verismo italiano. Enfrenta al público y a su modo intenta anticipar el contenido de la obra que no es otra cosa que una tragedia humana. Ruggero Leoncavallo, de treinta y cuatro años, ideó el argumento, escribió la letra y la música mientras atravesaba una serie de sinsabores en su vida. Se trata de una comedia trágica que no solo se vive en la ficción de las historias operísticas sino que, al mismo tiempo, los avatares los sufrían los actores en su vida real. Por esos tiempos Pietro Mascagni ya había estrenado su Cavallería Rusticana que tuvo éxito singular y que Leoncavallo repitió con I Pagliacci (Los…
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