Con mucho menos oropel que el día 15, en la inauguración oficial, pero también con la presencia de algunas -pocas- autoridades aparentemente interesadas en algo más que salir en la foto, llegó por primera vez al Liceu esta versión de la obra de Vivaldi que con su conjunto lleva ya hace un tiempo por el mundo Savall. Y nunca es tarde si el producto es bueno. Tanto, como para que en él hubiera mucha más verdad que en La Traviata (y quede bien claro que no se trata de un problema de título o de autor, sino de los responsables de la ‘materialización’ de las partituras). Como teatro seguramente la obra de Verdi es infinitamente superior, como concisión e inspiración personal puede que también. Pero aquí, si se cortaron escenas y personajes (los dos generales, una soprano y una contralto, Aquilio y Gilades, uno de cada bando para respetar las…
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