Precioso el programa seleccionado por la Sinfónica de Euskadi para el tercer concierto de su temporada de abono, aunque desiguales fueron los resultados. Empezó la velada con la España - Rapsodia de Emmanuel Chabrier, una obra brillante que, por rapsodia y por española, exige ser insuflada de fuerza y bravura desmesuradas. No obstante, si se dirige de forma blanda y geriátrica como lo hizo Varga, más bien parece una pieza de plaza de toros de tercera. Es cierto que la orquesta cumplió con creces -tampoco es una obra tan difícil-, pero el resultado fue cualquier cosa menos trepidante.Algo similar ocurrió con el bohemio Concierto para violín de Dvorák, que adoleció de batuta atenta pero desapasionada, haciendo más evidente el contraste con el solista, un Václav Hudecek de técnica deslumbrante y muchos kilovatios de potencia. Hudecek, uno…
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