Felipe V -de cuya coronación como Rey de las Españas se cumple este año el tercer centenario- fue uno de los últimos monarcas en ser testigo, y en cierto modo protagonista, de un espectáculo litúrgico-musical que caracterizaba la celebración de la Navidad durante el barroco hispano. En un mundo cuyos días y horas estaban marcados por la ordenación litúrgica del tiempo, los maitines de Navidad eran, en casi todas las iglesias del imperio, uno de los momentos culminantes del año, en el que confluían los planos religioso y profano para celebrar la buena nueva, el nacimiento del 'Redemptor' del género humano.Es probable que nadie, en aquel momento, fuera consciente de que la fiesta que cada año coincidía con el solsticio invernal tuviera sus raíces en cultos precristianos que habían sido revestidos de santidad para contrarrestar la…
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