En el plazo de unos meses todos los engranajes precisos para que una orquesta evolucione y progrese han quedado fijados en la Sinfónica de Euskadi. Si en el primer programa de la temporada la OSE ya contaba con un nuevo director general, en el tercero se presentaba -ya como flamante titular- Jun Märkl, y lo hacía trayendo a Saint-Säens a un plano de absoluta vigencia, alejándolo de su natural marco romántico –y aparentemente superficial- para mostrar su gruesa modernidad. En la Bacanal, Märkl se inclinó más por exponer la obra que por danzarla, se interesó más en indagar en sus trazos que en enseñar sus colores, y evitó lo sensual para mostrar lo sensitivo: elegante, y a la vez poderoso y ligero, Märkl, que tiene la virtud de dirigir con gran elegancia y sin gestos inútiles, trabajó con potencia y equilibrio a una orquesta deseosa de dar…
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