¿Baremboin, Rattle, Dudamel, más ese aluvión de publicidad obsecuente que vuelve locos al público y los periodistas? No siempre, porque muy frecuentemente conciertos inolvidables no tienen por qué asociarse con una histeria mediática. Tal fue el caso de las dos superlativas apariciones de Osmo Vänskä al frente de la Filarmónica de Londres, la orquesta londinense de Beecham, Boult y Solti entre tantos otros grandes. Beecham es mi patrón comparativo para juzgar el Sibelius de Vänskä, que confieso me pareció mucho más logrado que las buenas versiones dedicadas a este compositor por Rattle o Salonen. Como Beecham, Vänska se sumerge en Sibelius con tranquila determinación exploratoria para progresar con espontaneidad a culminaciones de pasión a la vez contenida e irresistible. En El Bardo hubo contraste de los tremolandi de cuerdas y la…
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