Cuando apareció la figura del pianista Javier Anderlini, luego de su ausencia de la escena salteña por casi cuatro años por razones de salud, la ovación con que se lo recibió fue impresionante. Era el regreso de uno de los músicos más valiosos de la Orquesta Sinfónica de Salta. Sirvió magníficamente a Gershwin, para mi apreciación personal, el mejor compositor de EE.UU. Y lo hizo en plausible comunión con el prolijo y buen músico que es el conductor visitante, el maestro Teruggi. Entre ambos mostraron cómo el folclore popular del país del norte puede expresarse en idioma universal y académico. Las melodías, sus conmovedores pasajes líricos, sus recuerdos apasionados de las clases populares, un swing y una síncopa perfectos, estuvieron en manos, corazón y mente del músico solista a pesar de un piano que ya va siendo tiempo se piense en…
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