Parece proporcionar buena suerte al Teatro de la Maestranza abrir su temporada con Mozart, ya que por segunda vez -la primera fue con la reposición de Las bodas de Fígaro- consigue satisfacer a los aficionados gracias una propuesta muy estudiada en la que esta vez triunfó el plano musical. No es mala idea tirar de producciones propias para abaratar costes, aunque como en este caso no sean redondas, y esperamos que llegue de una vez la tan anhelada vuelta del Barbero que tantos elogios cosechó.
Nos emociona que Carlos Álvarez vuelva con ópera escenificada, y con un personaje que siempre quisimos disfrutarle aquí: Don Giovanni. De todos son conocidas las excelencias de su libertino, que paseaba por Europa con éxito, por lo que nos alegra comprobar que mucho de aquello permanece. Su fraseo imaginativo, la total implicación, además de un…
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