Discos

Un Sciarrino no sciarriniano

Paco Yáñez
lunes, 15 de diciembre de 2014
Salvatore Sciarrino: Notturno Nº1; Notturno Nº3; V Sonata; Perduto in una città d’acque; I Sonata. Florian Hoelscher, piano. Helmut Rohm y Wulf Weinmann, productores. Winfried Meßmer, ingeniero de sonido. Un CD DDD de 59:19 minutos de duración grabado en el Studio 2 de la Bayerischer Rundfunk de Munich (Alemania), del 28 al 31 de octubre de 2010. NEOS 11124. Distribuidor en España: Sémele Proyectos Musicales
0,0002565 Entre los compositores italianos de música contemporánea no proliferan los que tengan como obras más definitorias o sustantivas partituras para piano solo (con algunas excepciones, como la soberbia ...sofferte onde serene... (1974-77) de Luigi Nono). Salvatore Sciarrino (Palermo, 1947) no es una de esas excepciones, como podemos comprobar en este nuevo monográfico de su obra para piano, con dos de sus sonatas, dos de sus nocturnos y una de sus piezas más conocidas para teclado: Perduto in una città d’acque (1991)...

...Perduto in una città d’acque ha sido definida por Helmut Rohm como una fantasmagoría que recuerda a una civilización de sabios extinta, evocación quizás de la Atlántida. Es una de las piezas con una sonoridad más diferenciada de las reunidas en este compacto, más roma y redondeada, como si trazara en música el dibujo que en la superficie del agua las ondas creasen al percutir las teclas contra la líquida superficie del arpa del piano. Es una pieza, igualmente, más cálida que el resto, con un uso del pedal más resonante y atmosférico, trazando una masa densa, asible, sobre la que van emergiendo fraseos, sentencias que rápidamente se disuelven en esa sustancia de base hasta la última frase aguda por contraste con esa masa grave, que rubrica la partitura.

La I Sonata (1976) es la obra más extensa del compacto, con sus 22:29 minutos de duración, y también aquélla en la que comprobamos hasta qué punto en el piano la escritura de Salvatore Sciarrino no era por aquel entonces ni mucho menos tan personal como la que ya se asomaba tanto a sus piezas vocales como, de forma muy especial, a sus piezas para instrumentos de cuerda, como muestran los Sei quartetti brevi (1967-92) o los soberbios Tre notturni brillanti (1974-75) para viola sola. Esta I Sonata anticipa, de algún modo, el modelo de Perduto in una città d’acque, por su carácter ondular y la proliferación de fraseos dal niente (y diría que hacia la nada), si bien carece de esa base densa que se aprecia en la partitura de 1991. A pesar de su extensión y de una mayor variedad de registros y tesituras, la obra no resulta tan atractiva como la pieza acuática; en su concentración, más compacta y expresiva en su progresivo desplome hacia lo más grave del piano, hacia una región oscura que sería antitética con respecto a la rúbrica de Perduto in una città d’acque.Casi veinte años posterior, la V Sonata (1994) ahonda en los caminos previos, sintetizándolos y abriéndolos, aunque sigamos sin encontrar la rotunda personalidad del Sciarrino para voz y ensemble. Las figuraciones se multiplican ahora, fluctúan de un modo más multidireccional y proliferante. Se asoman, igualmente, escalas cromáticas que nos harán recordar a Olivier Messiaen, una de las presencias gravitantes sobre el piano de Sciarrino, como un incisivo martellato bartokiano (también Kurtág, de algún modo, se percibe en esta música). De nuevo, hay un uso del pedal que crea masas graves sostenidas desde las que proliferan fraseos, en esta sonata más contrastados en dinámicas y accelerandi.

Por último -aunque primeras obras del compacto- visitamos los mucho más breves Notturno Nº1 (1998) y Notturno Nº3 (1998), de entre 4 y 6 minutos de duración, con principios compositivos muy cercanos a la V Sonata, lo que hace estas partituras un tanto cansinas por la revisitación de procedimientos en un lenguaje que no nos fascina como otros Sciarrinos más sciarrinianos... Vuelve a destacar aquí el uso del pedal, la reverberación, el juego entre fondo y primer plano, la diferenciación entre texturas amalgamadas y fraseos, entre lo nebuloso y lo definido, juego de trazos y volúmenes especialmente pertinente en una pieza nocturna, con sus misterios y figuraciones engañosas.

En cuanto a la discografía para piano sciarriniana, destacaba sobremanera el registro efectuado entre 1991 y 1992 por el italiano Massimiliano Damerini para el sello Dynamic (S 2015), donde se incluían, entre otras partituras (en primeras grabaciones mundiales y obras dedicadas al propio Damerini) tanto Perduto in una città d’acque como las cuatro primeras sonatas para piano. La interpretación en NEOS corre a cargo de Florian Hoelscher, que se muestra más lírico y carnal frente al más ascético Damerini, que imprime al piano de Sciarrino un deje bouleziano más marcado, haciendo de sus fraseos y líneas emergentes cuerpos sonoros vinculados al puntillismo por estructura, principios y estilo. Quizás la de Damerini sea una lectura más afín a algunas de las fechas de composición de las primeras piezas para piano del compositor de Palermo, mientras que las versiones de Hoelscher resulten más actuales, desde un enfoque más personal y libre (véase, por ejemplo, su dilatación de la I Sonata, que sobrepasa los 22 minutos, por los casi 13 de Damerini). Hay una calidez mayor en este álbum de NEOS, un sentido más mediterráneo, unas densidades caniculares; perfectamente compatibles, en todo caso, con la mayor frialdad de Damerini, en lecturas más cerebrales.  

La grabación de NEOS está en plena sinergia con la interpretación de Florian Hoelscher, por cuanto amplía el registro de forma muy natural y generosa para dar cabida a unas resonancias graves, a un aliento del murmullo generado por el pedal que se agradece y penetra en los más recónditos paisajes de estas partituras. En este sentido, la toma de sonido es más agradable que la de Dynamic, más cómoda para el oído y respetuosa con el carácter del piano. La edición del compacto es la clásica de NEOS, con un interesante ensayo a cargo del productor del disco, Helmut Rohm, por momentos un tanto divagante, además de fotografías y los habituales fragmentos de partituras, muy reveladores, ya sea en los grupos cristalizados de la V Sonata o en la última página de la I Sonata, a cuyos compases finales se asoma como un eco el fantasma de la monumental Sonata en si menor (1852-53) de Liszt, incorporando así más presencias a esta fantasmagoría sciarriniana (un Sciarrino, en todo caso, menor).

Este disco ha sido enviado para su recensión por La Quinta de Mahler 

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