En sus siempre amenas notas de la carpetilla, Phillip Huscher recuerda las razones históricas por las que la Orquesta Sinfónica de Chicago puede reclamar como suya la música de Sergei Prokofiev: allí le trajo en 1918 el legendario Frederick Stock (a la sazón titular de la orquesta), con ellos tuvo lugar el estreno mundial en 1921 del Tercer Concierto para piano y de El Amor de las tres Naranjas, y también los “Chicagoers” se encargaron de la première americana de una selección de Romeo y Julieta (aún nunca escenficado) en 1937. Por su parte, Riccardo Muti ha paseado desde siempre esta partitura por escenarios incontables (sin ir más lejos, aquí se dio cuenta de su interpretación en el debut canario de la Chicago Symphony a comienzos de este año). Y también por los estudios de grabación: no hay más que recordar su registro referencial con…
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