Dos semanas después de su fastuosa y publicitada inauguración, acudí a la nueva sala de conciertos con la que cuenta París. La motivación era doble: conocer el nuevo espacio y escuchar en él dos obras del siglo XX plenamente incorporadas al repertorio, y rubricadas por Varèse y Boulez respectivamente. Dado el primer motivo, esta crónica dedicará un buen espacio a cuestiones que no son estrictamente musicales.
El nuevo edificio de la Philharmonie se encuentra junto a la Cité de la Musique –rebautizada su sala principal como Philharmonie 2–, y su acceso desde el transporte público no se encuentra todavía bien señalizado: quien no conozca la distribución de edificios de la zona corre riesgo de desorientarse. El problema se acentúa al llegar a la entrada: embelesado por la bella y majestuosa fachada del auditorio, el público se encuentra ante…
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