Discos

Reivindicando a Gluck

Raúl González Arévalo
martes, 3 de noviembre de 2015
Gluck Opera Arias – Daniel Behle. Arias de Antigono, Semiramide riconosciuta, Ipermestra, Ezio, La contesa de’ numi, Le cinesi, Iphigénie en Aulide, Orphée et Eurydice, La Rencontre imprévue. Daniel Behle, tenor. Armonia Atenea. George Petrou, director. 1 CD (DDD) de 63 minutos de duración. Grabado en el Dimitris Mitropoulos Hall, Atenas, Grecia, en julio de 2013. DECCA 478 6758. Distribuidor en España: Universal
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Cada vez hay más tenores que destacan en el repertorio barroco y clasicista, sin hacer carrera necesariamente en el romántico. El caso de Topi Lehtipuu y su entrada por la puerta grande en el universo discográfico de la mano de Vivaldi es paradigmático. Ahora parece suceder lo mismo con el alemán Daniel Behle, de la mano de otro autor cuyo catálogo está siendo examinado bajo una nueva luz, al menos en lo que concierne a sus óperas italianas: Gluck.

Daniel Behle saltó a la fama con la grabación en Artaserse de Leonardo Vinci acompañando nada menos que a seis contratenores. Permaneciendo en el ámbito del barroco (o tardobarroco mejor dicho), debuta en solitario con este recital consagrado a Gluck, el primero masculino hasta donde he podido averiguar. Y como en todas las grabaciones de repertorio barroco o clasicista, hay primicias mundiales, en este caso los números de Antigono, Semiramide riconosciuta e Ipermestra, que carecen de integrales.

Behle no es el típico tenor barroco, de tintes ligeros y sonidos blanquecinos, es un tenor lírico, con cuerpo suficiente para afrontar Mozart (Tamino, Don Ottavio, Belmonte). Y aquí reside el principal atractivo de la óptica interpretativa del recital, que dominando todos los resortes técnicos belcantistas barrocos tiene una expresividad que lo emparenta directamente con el joven Mozart, poniendo de manifiesto la modernidad de Gluck, y cómo la revolución dramática experimentada en París con las óperas francesas hunde sus raíces en las obras italianas anteriores al Orfeo vienés. Se trata de una operación que ya había realizado con éxito Cecilia Bartoli en su Gluck Italian Arias, pero que cobra más interés aún por el aspecto innovador que le confiere una voz masculina.

Las obras seleccionadas permiten un amplio recorrido por la producción gluckiana, desde Ipermestra (Venecia 1744) hasta Iphigénie en Aulide y Orphée et Eurydice (París 1774), pasando por Semiramide riconosciuta (Viena 1748), La contesa de’ numi (Copenhague 1749), Ezio (Praga 1750), Antigono (Roma 1756), La Rencontre imprévue (Viena 1764). Y como las arias están muy bien elegidas, más allá de la novedad de las primicias, queda de manifiesto la variedad de la inspiración de Gluck, antes de la reforma que impulsó. Así, “Non hai cor” es tan dramática como “Se povero il ruscello” es elegíaca a la par que la famosa “Se mai senti spirar”.

Antes incluso de trabajar con los haute-contre parisinos, resulta evidente que Gluck podía exigir mucho en el registro agudo, y Daniel Behle lo afronta con seguridad. Y si la capacidad de penetración y empuje es limitada, la elegancia del canto, la homogeneidad entre los registros, la facilidad en la coloratura, lo suple sobradamente. El dominio estilístico es patente asimismo en la facilidad con la que pasa del estilo italiano al francés, siendo expresivo en ambos gracias a la buena pronunciación.

La orquesta Armonia Atenea está dejando grabaciones a cuál más brillante, desde el Alessandro de Händel hasta el Siroe, re di Persia de Hasse. Lejos de desempeñar un papel secundario, de mero acompañamiento, destaca por derecho propio con la brillantez del sonido, el virtuosismo de sus solistas y la adecuación al espíritu de cada una de las piezas. Naturalmente, se trata de un logro del que es responsable en igual medida George Petrou, que se afianza a pasos agigantados como un nombre indispensable en este repertorio.

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