La ópera norteamericana en el siglo veinte nos ha mostrado un inacabable manantial de riquísimos personajes, que conectan de modo muy positivo con los espectadores actuales y cuyos libretos suelen provenir de obras maestras de la literatura contemporánea. Algunas de ellas suelen tener repercusión fuera de sus fronteras, pero mayoritariamente se precisa un tiempo considerable para que crucen el Atlántico y se den a conocer en la vieja Europa. Dos óperas de los dos autores que ocuparán estos artículos se han representado con éxito en el viejo continente durante este año que finaliza: el 18 de febrero, en Montecarlo, Vanessa, de Samuel Barber, con una electrizante Kiri Te Kanawa; el 1 de agosto en Bregenz, Of Mice and Men de Carlisle Floyd; el 20 de octubre en Amsterdam, The Death of Klinghoffer de John Adams, estreno europeo al que asistió…
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