Ver y escuchar a Itzhak Perlman en la doble faceta de intérprete y director es una experiencia intensa y emocionante, al menos para quien lo hace por primera vez, como era mi caso. Desde que con tan sólo cuatro años contrajera poliomielitis y la enfermedad afectara su movilidad, este violinista nacido en 1945 es un ejemplo de talento, trabajo, esfuerzo y afán de superación, así como un modelo para otros artistas con discapacidad. Perlman llevó las riendas del Concierto para violín nº 2 de Bach ocupando un puesto sentado al lado del concertino de la orquesta, Frank Huang -quien fue el encargado de ofrecer la acostumbrada charla previa al concierto-. La interpretación del primer movimiento, de estructura tripartita ABA, estuvo cargada de entrega y energía. La orquesta, a diferencia de ciertas versiones donde el sonido llega a ser pesante,…
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