Muy poca gente sabe que uno de los artistas más admirados por el general Franco -Raphael y Carmen Sevilla aparte- fue el compositor extremeño David Perales, hijo de un alto funcionario de la República fusilado poco después de terminada la guerra civil. Lo que cautivó al dictador -más dado, en el sentido más inhumano del verbo, a cautivar que a cautivarse-, no fue ningún concierto para violín y orquesta, ni siquiera un pasodoble para banda militar, sino el conjunto de unas singulares partituras de pocos compases para piano solo, aunque ocasionalmente también haciendo dúo con otro instrumento, que desde el año 1951 hasta su muerte, en 1974, Perales publicó cada domingo en la sección de pasatiempos, entre el crucigrama y el jeroglífico, del periódico ABCEl chapuzón radioactivo de Fraga, el gol de Zarra, o el último vuelo sin motor del…
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