La idea original del coreógrafo y director de Los Ballets de Monte-Carlo, Jean-Christophe Maillot, de volver sobre la historia original de Perrault y tratar de superar la melosidad que la celebérrima historia de La Bella Durmiente ha desarrollado con el paso del tiempo, continuando la acción después del despertar de la protagonista y profundizando en la personalidad de los personajes, es más que loable. La intención de reorganizar la estructura musical y narrativa de Chaicovsqui (incluso añadiendo parte de su Romeo y Julieta), me parece osadía. El hacer un ballet de más de dos horas sin dejar que los bailarines bailen, es un completo disparate.Con este nuevo montaje, el coreógrafo francés continúa montado en el pasillo rodante que le lleva a una desintegración paulatina de la danza, supuestamente en aras de un enriquecimiento expresivo y…
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