Cuenta la leyenda que Luonnotar habitaba un gigantesco abismo marino. Allí se dedicaba a contemplar y a contar arcos iris y a dejar que el viento mesase sus cabellos. Pasados los siglos, quiso ser madre, y emprendió un largo viaje en busca de un padre para sus hijos. Finalmente el viento del este, compadecido por su melancolía, accedió a yacer junto a la diosa hasta saciarla de placer. Así nació Väinämöinen (Väino), el eterno cantor, de voz portentosa y mágica. La misma voz, también portentosa y mágica, con la que un finés, John Storgårds, nos revela que lo que “realmente quería [Jean Sibelius], sinfonía tras sinfonía, era construir algo muy nuevo cada vez”. Y es así como desde aquel primigenio rapsoda, unos fineses han ido cantando a otros. Gracias, según la prestigiosa revista Gramophone, a “una magnífica educación musical, una…
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