Escuchar una selección del Odhecaton como la de este disco es un placer incompleto, porque Petrucci, el editor, no pretendía sólo reunir una música bella, sino que también fuera bella la propia partitura musical. Algo que hasta entonces se había conseguido muchas veces, pero siempre en libros de música hechos a mano, en hermosos códices que tardaban años en completarse y donde cada detalle se cuidaba al máximo. Prácticamente un placer de reyes, porque sólo ellos -o algunos grandes nobles- podían permitirse pagar lo que estos libros costaban. En cambio de la impresión mecánica se esperaba que fuera barata, práctica, útil. Petrucci desde su juventud no lo entendió así, y creó un estilo de impresión musical totalmente moderno, con un concepto similar al de las imprentas de libros; pero al mismo tiempo con un interés estético poco…
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