Entre los primeros acontecimientos musicales de Salamanca 2002 con los que se celebra que la vetusta villa castellana es ciudad europea de la cultura, se encontraba un esperado recital de Montserrat Caballé, recién llegada de su aún fresco triunfo en el Liceu con Henry VIII el Saint-Saëns.La soprano catalana, calificada en el programa de mano, no sin razón, como la última soprano absoluta, ofreció un variado programa acompañada al piano por su inseparable Manuel Burgueras, que dio una vez más muestras de profesionalidad muy poco frecuentes en estos momentos y que fueron especialmente patentes a medida que los problemas que tuvo Caballé se hacían más notorios.La cantante, como comentó al final del concierto, notó el día del concierto cierta afonía que, en cualquier caso, no fue capaz de empañar su buen rendimiento. Allí, sobre el…
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