Indicio de la diversidad ideológico-musical imperante en la Europa de la post primera guerra es el hecho que sólo cuatro años separan los estrenos de obras tan disimiles como El Rey Roger de Szymanowsky (1926) de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny de Weill (1930). Y ambas han sido presentadas por la ROH en dos sucesivas nuevas producciones, facilitando así comparaciones entre la brecthiana proclamación de total decadencia de la segunda frente a la partitura post-romántica de la primera, tan ambigua y dubitativa en su esfuerzo por buscar un término medio entre desenfreno y contención sensual.
La puesta de Kasper Holten y el escenógrafo Steffen Aarfing ubica estos dos polos en una simbología de perceptivo significado: en el primer acto, una enorme cabeza representa la hermética solidez de una monarquía y una iglesia empeñadas en…
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