Con atraso y mis disculpas por ello llegan estas líneas sobre un magnífico recital en el Wigmore Hall, la legendaria sala de música de cámara en Londres, única sobreviviente de las varias que estableciera en Europa la firma Bechstein. Alban Gerhardt es un chelista de musicalidad recóndita y substancial. Su expresividad es a la vez intensa y moderada, y su virtuosismo nunca exhibicionista sino de punzante sobriedad.
Ejemplos de ello fueron, en la Sonata de Debussy, el arpegio inicial y la espontánea exposición del rondó final. Entre medio, las variaciones de tiempo, los pizzicatos y las melodías se caracterizaron por su diferenciada claridad y un admirable sentido de unidad interpretativa. Pizzicatos claros y líneas melódicas de perceptivo sostenuto caracterizaron su interpretación de la Sonata de Schnittke. Y serenidad en las notas…
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