El panorama musical español está lleno de ciclos sin continuidad. Rara vez queda poso de lo que se programa. Son en muchas ocasiones iniciativas espasmódicas, más encaminadas a consumir subvenciones que a fomentar la música. Hay, por suerte, excepciones. Y Cuenca parece ser una de ellas. Su semana de música religiosa no sólo está consolidada, sino que en ella cada vez hay más actuaciones y cada vez son mejores los intérpretes que vienen. Este año Cuenca tira la casa por la ventana y ofrece un programa que poco tiene que envidiar a los grandes festivales extranjeros de música antigua.La Semana Santa siempre ha sido un buen pretexto para intentar acercar la llamada música culta al pueblo. Lejos queda aquel rechazo que ésta producía cuando, en plena dictadura, la radio española enmudecía y durante tres días era obligatorio emitir únicamente…
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