El ecléctico repertorio comenzó con música de calma religiosa y divino fervor, piadosa, aún cuando sus pulsaciones anticipan un drama. Es el famoso Intermezzo de Cavallería Rusticana de Mascagni. Requiere una cuerda etérea, casi inaudible, efecto que se logró con rapidez superando un inicio dubitativo. De la misma ópera: “Voi lo sapete…” que es el lloro de la amargura de la protagonista. Aquí apareció una de las dos figuras de la noche, la mezzosoprano valenciana, con premios que destacan su arte, Lorena Valero, fina, elegante, afinada, versátil, potente, de elevada técnica vocal e indisimulable sensibilidad. Se lució en todo lo que hizo, como en el canto de la cruel y arrepentida princesa Eboli de la ópera Don Carlo de Verdi luego de su confesión de haber sustraído un alhajero.
A partir de aquí, el concierto comenzó a transitar un nivel…
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