Es posible hacer el Concierto para piano de Schumann desde el lirismo y el hálito romántico formal, sin duda, pero también desde la fuerza y el arrebato; y también es posible tocarlo mientras se interroga y se cuestiona. Es una partitura abierta a muy diversas aproximaciones. Ivo Pogorelich, con su tradicional ensimismamiento, que le es tan consustancial como a otro pianista sonreír forzadamente al saludar, se sienta al piano junto al pasante y comienza a descifrar la partitura de Schumann y a versionarla. ¿Es eso extraño o sorprendente de él? En absoluto: aborda el concierto a la manera en que hace prácticamente treinta años abordaba el de Chaikovski: como él considera que debe hacerlo, como a él le parece que debe y puede entenderlo y transmitirlo. Pero el resultado no es el producto de una arbitrariedad, sino la expresión de una…
Comentarios