Discos

París bien vale un martirio

Raúl González Arévalo

miércoles, 8 de julio de 2015
Gaetano Donizetti: Les Martyrs, ópera en cuatro actos (1840). Michael Spyres (Polyeucte), Joyce El-Khoury (Pauline); David Kempster (Sévère), Brindley Sherratt (Félix), Clive Bayley (Callisthenes); Wynne Evans (Néarque). Opera Rara Chorus. Orchestra of the Age of Enlightenment. Sir Mark Elder, director. Grabado en St. Clement’ Church, Londres, en octubre y noviembre de 2014. Tres CDs (DDD) de 188 minutos de duración. Opera Rara ORC52. Distribuidor en España: Semele
Si no fuera por Opera Rara nuestro conocimiento de Donizetti sería mucho más pobre a día de hoy. Dejando de lado que no todas las grabaciones hayan tenido el mismo nivel, oscilando desde lo menos logrado en obras poco interesantes (Imelda de' Lambertazzi, leer reseña) hasta referencias absolutas de títulos prácticamente inéditos (Emilia di Liverpool), se recuerdan los registros con todos los apéndices posibles, permitiendo conocer desde versiones compuestas y no estrenadas (Zoraida di Granata) hasta los números alternativos de obras mejor conocidas (Pia de’ Tolomei, leer reseña). También está el caso contrario, el de la versión primigenia sin el añadido posterior con el que se representa siempre (Maria di Rohan, leer reseña). Asimismo se ha prestado atención a las obras en un solo acto (La romanziera e l’uomo nero, Francesca di Foix, Elvida). Y no son pocas las óperas que sólo han grabado ellos: L’assedio di Calais, Gemma di Vergy (1838), Maria Padilla, Rosmonda d’Inghilterra. Otras de los que ahora hay más versiones disponibles en su momento constituyeron una primicia absoluta, como Ugo, conte di Parigi o Il diluvio universale [leer reseña], sin contar aquéllas conocidas sólo en vivo, de las que han grabado en exclusiva la versión de estudio: Parisina [leer reseña], Belisario [leer reseña], Caterina Cornaro [leer reseña]. Hasta un total de veintitrés grabaciones de un catálogo de cincuenta y dos integrales de autores fundamentales del bel canto decimonónico italiano, lo que ya dice todo del papel que ocupa el Cisne de Bérgamo en la discográfica inglesa, que más de medio siglo después de su fundación sigue fiel a los principios de sus creadores. 

En todo este repaso fundamental para la revalorización del catálogo donizettiano el período parisino tiene especial importancia. La primera rareza que ofreció Opera Rara fue la grabación de los números que sobreviven de la incompleta Ne m’oubliez pas, una opéra comique que se planeó sobre la estela del éxito de La fille du régiment. Pero el verdadero golpe de efecto vino con Dom Sébastien, roi de Portugal [leer reseña]. Teniendo en cuenta que la única grand-opéra grabada repetidamente y disponible en el original francés era La favorite, la decisión de llevar al disco la edición crítica de la última ópera destinada a la escena parisina fue un gran punto a su favor, a pesar de algunos elementos que debilitaron el resultado final. Tras la contribución asimismo original con Rita [leer reseña], ya sólo quedaba Les martyrs, patrocinada además en este caso por la labor indispensable que está desarrollando la fundación Palazzetto Bru Zane en la recuperación de la música romántica francesa, con particular atención precisamente al género de la grand opéra.

Les martyrs es mucho más que Poliuto en francés. La decisión del libretista, Scribe, de mantenerse más fiel a Corneille, al punto de trasladar prácticamente inalterados los versos alejandrinos de la tragedia original, obligó a Donizetti a componer enteramente los recitativos. Desaparecen de la trama los celos de Poliuto, añadidos por Cammarano, pierde importancia el papel del sumo sacerdote, se expande el de Félix, padre de Pauline, y se introducen los divertissements habituales para el cuerpo de baile. Con todo, lo más visible probablemente sea el cambio de las características vocales del protagonista, lo que propició importantes mutaciones en su línea vocal. Adolphe Nourrit fue el último de los grandes tenores en emplear el falsettone en el registro agudo. En 1838 él era el destinatario del papel original en Nápoles. El cambio en el gusto del público había hecho que después de 1836, tras los éxitos obtenidos por Nourrit como Eléazar (La juive) y Raoul de Nangis (Les huguenots) se impusiera la técnica de su más directo rival, Gilbert Duprez, que mezclaba de modo innovador la voz mixta con la de cabeza, pasando a la historia como el “inventor” del do de pecho. Y Donizetti se plegó al gusto parisino también en este punto. A efectos prácticos no sólo le compuso dos arias completamente nuevas, sino que alzó de modo general la tesitura de la parte, llegando al Reb4 en el final del primer acto (totalmente original) o a un fa4 optativo en la cabaletta “Oui, j’irais dans leurs temples”. No hubiera estado de más que el ensayo de acompañamiento de Flora Willson, autora asimismo de la edición crítica de la obra, se hubiera extendido sobre estos particulares, tomando como referencia el análisis musical que era norma de la discográfica, y que parece haberse perdido en los textos introductorios de las últimas grabaciones, centrados en el contexto creativo más que en el análisis la obra.

Hasta el momento apenas había disponible una grabación cortada, de dudoso estilo, en la que lo único interesante realmente es la contribución de una desgastada Leyla Gencer y el siempre indispensable Renato Bruson (Myto / 1975), pero en la que el tenor, Mario de Felici, es un imitador de Mario del Monaco sin las cualidades del modelo. Ahora Opera Rara presenta la grabación de la edición crítica de la única ópera parisina que quedaba sin registro decente. Los numerosos cortes abiertos y pasajes restaurados están en azul en el libreto de acompañamiento. Nada más que por eso ya se sitúa a la cabeza de la reducida discografía de la obra; pero es que contiene una carta ganadora difícilmente superable: Michael Spyres.

El tenor americano entró como sustituto del inicialmente anunciado Bryan Himmel. Ambos han obtenido grandes éxitos recientemente en papeles clave de grand-opéra. Himmel empezó llamando la atención como Robert de Meyerbeer y siguió con Berlioz (Aeneas), Rossini (Arnold) y Verdi (Henri). Por su parte, Spyres alterna papeles de baritenor rossiniano (Otello, Roderigo, Pirro) con otros clave en el género francés: Auber (Masaniello), Donizetti (Fernand, Henri de Bruges), Meyerbeer (Raoul de Nangis) y Rossini (Arnold). Spyres compone un Polyeucte antológico: la combinación y la experiencia en bel canto italiano y repertorio galo hicieron que su llegada reemplazando a su compatriota haya sido una excelente noticia con un resultado insuperable. Esculpe los recitativos con vigor, pero con un estilo que mira, muy acertadamente, más a la opéra lyrique del siglo XVIII que al romanticismo exaltado del XIX -precisamente la opción de Himmel-. La suya es una interpretación que toma como punto de partida la tradición de la tragédie francesa que hicieron grande Lully, Rameau, Gluck y Cherubini, no el estilo más propio de la segunda mitad de la centuria. Al mismo tiempo, el dominio de los resortes del canto fiorito hace que el magisterio sobre la coloratura sea absoluto. Para muestra, el aria y cabaletta del tercer acto, que culmina con un impresionante Mib4 firme como un cañonazo. Por lo demás, el canto es grácil, elegante, fácil y de un gran gusto, a lo que se añade una indiscutible nobleza de acentos, como culmina en un dúo final “Pour toi ma prière... O sainte mélodie!” que revela la verdadera dimensión musical y estilística de la melodía, con una vía alternativa y válida al recuerdo imborrable de un Corelli impresionante en la Scala con Maria Callas.

Al lado de semejante intérprete en estado de gracia era difícil no quedar atrás. Joyce El-Khoury me planteaba algunas dudas tras su Antonina de Belisario, un papel mucho más central y menos florido que Pauline. Adaptada para las cualidades vocales de Julie Dorus-Gras, primera Marguerite de los Hugonotes y Eudoxie de la Judía, siempre encarnados por sopranos ligeras de coloratura fácil, hay que recordar sin embargo que la Dorus-Gras también fue destinataria no de Isabelle sino de Alice en Robert le Diable, habitualmente descrita como soprano corta, y que pronto fue patrimonio de Marie Cornélie Falcon, la famosa soprano que dio nombre a una categoría vocal concreta. Donizetti solicita un centro sólido y un grave inesperado, que la soprano canadiense afronta con solvencia, al tiempo que revela un dominio notable de la coloratura. Apenas se puede reprochar que el registro agudo suena ácido, lo que compensa con un canto cálido y constantemente matizado, con pianissimi de gran efecto.

Los demás intérpretes masculinos rodean bien a la pareja, aunque tal vez se nota el paso por Verdi de David Kempster (Sévère). Clive Bayley (Callisthenes) es efectivo con el malo de la historia, mientras que Brindley Sherratt afronta con gran dignidad su Félix, al que otorga el relieve oportuno aunque no sea un bajo profundo. El Coro de Opera Rara, en su primera grabación importante, está magníficamente preparado por Stephen Harris, mientras que la Orchestra of the Age of Enlightenment firma con su cuarta colaboración con el sello inglés su mejor prestación hasta el momento. Sir Mark Elder sabe sacar con energía toda la grandiosidad que cabía esperar de los añadidos franceses, claramente diferenciables del original italiano, aunque haya sido adaptado para la nueva escena parisina.

En definitiva, una grabación indispensable para los amantes de Donizetti, de la grand opéra y de las novedades y curiosidades.

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