Siempre lo mismo. ¡Que extrañas parecen las necrologías a lo que realmente veíamos en nuestros amigos muertos! Sergio Renán, por ejemplo. Comprensiblemente, los medios apenas han tenido espacio para registrar un perfil único en su variedad: actor y director en el cine, teatro, ópera y televisión, y dos veces al frente del Colón de Buenos Aires. E inevitablemente, los elogios superlativos nublan la percepción de lo que para mí fue lo mejor de Renán. Sergio sabía de mi aprensión a lo laudatorio. Por ejemplo, no viajé desde Londres cuando fue investido como ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires. Tampoco lo busqué para felicitarlo luego del estreno de su producción de Lady Macbeth de Mtsensk en el Real de Madrid. Había demasiada gente y, ¡hacía tanto frío que caído el telón preferí escaparme a la chocolatería de Ginés! De cualquier…
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