El Liceu, que se jacta de ser un teatro ‘donizettiano’ por tradición y público, no lo es tanto justo cuando de una joya como ésta se trata. Han pasado casi treinta años desde que subió a escena aquí por última vez (no voy a contar la cantidad de Lucias o incluso Bolenas o Stuardas que han pasado para contentar a veces a la diva de turno más que al público ... o incluso sin diva alguna), más lozana que nunca, y eso que el autor (la haya hecho en nueve días o algo más) no seguiría mucho tiempo en plenitud física o psíquica y tres años después moriría. Si hay que considerarla su testamento (más que los inacabados o el Poliuto, que tampoco están nada mal) también habría que acabar con alguna sonrisita perdonavidas cuando se habla de su autor (en comparación con otros y, señaladamente, con su ‘rival’ Bellini, que muy dotado para la comedia no…
Comentarios