La violación de una suiza por miembros de las fuerzas armadas del tirano Gessler ha adquirido una notoriedad tan grande en la prensa cotidiana londinense que no hay más remedio que reseñarla como parte de lo que ocurrio la primera noche de esta nueva producción de Guillaume Tell en el Covent Garden.
En su debut en este teatro, Damiano Michieletto presentó una regie con algunas ideas buenas pero desarrolladas con una puerilidad tan provocativa que inevitablemente produjo una irritabilidad siempre en aumento, semejante a cuando escuchamos a un niño sabelotodo insistiendo en exhibir su superficial brillantez con ingenua reiteración. Por ejemplo: durante el allegro vivace que cierra la obertura una gran pantalla sobre la parte superior de la escena reproduce lo que está haciendo Tell junior en la mesa de la cocina de la casa, esto es, jugando…
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