Comienza la ópera mostrándonos un escenario a base de líneas, ángulos y con algunas sillas. Está inclinado hacia un lado, formando perspectivas, con ventanas a ambos lados rectangulares y desiguales, enmarcados con luces y sombras. Al fondo, un octaedro enorme compuesto de triángulos, que se unen en un centro desplazado, para representar una cúpula gigante. La impresión que da es la de un escenario que se cae hacia la izquierda, con una rueda al fondo que lo precipita a un destino irremediable. Es la historia de un imperio que no se puede sostener porque se encuentra falto de apoyos, que rueda y gira a trompicones hacia su autodestrucción. La sensación es que estamos tumbados en el suelo y miramos hacia el techo, y vemos cómo todo esto va a suceder. Estamos presenciando el hundimiento de un imperio.
En esta producción, la dirección…
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