No es muy frecuente escuchar a uno de los tenores alemanes de peso y más solicitados de la actualidad en un concierto de cámara, así que fue toda una ocasión propia de un Festival como éste. Lo que queda al final es la extrema musicalidad de Vogt, su técnica fenomenal (que seguramente tiene que ver con sus primeros estudios de trompa) y esa capacidad tan poco actual, pero que hasta los años cuarenta del siglo pasado era posible encontrar, de poder hacer frente de forma adecuada a los requisitos de Mozart, Wagner y de los cultores del lied y de la opereta. Es cierto que no se puede decir que hoy es el mejor exponente de los dos últimos ítems, pero no hay nada que reprocharle. La sorpresa mayor es que resulta más interesante escucharlo en la opereta y afines (frente a números conocidos de Lehár –de Friederike, Der Zarewitsch, Das Land des…
Comentarios