Alemania

Julietta o la reivindicación de la memoria

Xoán M. Carreira

martes, 11 de agosto de 2015
Frankfurt, viernes, 3 de julio de 2015. Oper Frankfurt. Julietta, ópera lírica en tres actos de Bohuslav Martinu (estreno: Teatro Nacional de Praga, 16 de marzo de 1938), Libreto del compositor sobre el drama de Georges Neveux. Versión alemana de Dietfried Bernet y Alex Brezina. Florentine Klepper, dirección escénica. Boris Kudlicka, decorados. Adriane Westerbarkey, vestuario. Jan Hartmann, iluminación. Mario Spiegel, vídeo. Norbert Abels, dramaturgia. Intérpretes: Juanita Lascarro (Julietta), Kurt Streit (Michel), Beau Gibson (Kommisar, Waldhüter y Lokomotivführer), Boris Grappe (Mann mit Helm, Altvater 'Jugend', Verkäufer von Erinnerungen y Blinder Bettler), Andreas Bauer (Mann am Fenster y Sträfling), Nina Tarandek (Kleiner Araber, Erster Herr, Junger Matrosse y Hotelboy), Magnus Baldvinsson (Alter Araber, Alter Mann y Alter Matrosse), Judita Nagyova (Alte Frau y Alte Dame) y otros. Chor der Oper Frankfurt (dirección, Markus Ehmann) y Frankfurter Opern- und Museumorchester. Dirección musical, Sebastian Weigle.

A los compositores de la generación de Bohuslav Martinu (1890-1959) les tocó vivir malos tiempos para la lírica (y para la inteligencia). Tras tener que huir del terror fascista, terminada la guerra el terror estalinista les impidió volver a sus países y años después la vanguardia mesiánica -encabezada por Adorno- les negó el derecho a ser compositores.

Tras estudiar en París con Albert Roussel, Martinu decidió instalarse en el país de su esposa, Charlotte Quennehen (1894–1978), y dedicar atención preferente a la ópera. Tuvo un gran éxito como operista y compuso nueve óperas en Francia. La novena de ellas es precisamente Julietta H 253, subtitulada "El libro de los sueños" o también "La llave de los sueños", que fue compuesta entre el 17 de mayo de 1936 y el 24 de enero de 1937, y estrenada en el Teatro Nacional de Praga el 16 de marzo de 1938. Esta ópera está considerada la obra maestra de su teatro musical junto a su última ópera, la décimocuarta, La pasión griega (1956-59, estreno de la 2ª versión en 1961), con un libreto en inglés sobre la novela Cristo nuevamente crucificado de Nikos Kazantzakis.

Aunque hoy no se interprete apenas, Martinu fue una de las grandes figuras del teatro musical del período de entreguerras y posiblemente uno de los autores que más facetas haya abordado dentro del teatro musical neoclásico, desde las escenas pintorescas al drama medieval, la comedia del arte o creaciones pensadas para la radio, el cine o la televisión. En total, Martinu compuso catorce óperas en cuatro idiomas (inglés, checo, francés e italiano), las nueve primeras escritas en París entre 1928 y 1938, y las cinco últimas en el exilio norteamericano y suizo entre 1953 y su muerte.

Julietta ha sido considerada a menudo el paradigma de la ópera surrealista y no es la única de sus óperas interesada en el subconsciente y los sueños. De hecho, las óperas de Martinu se mueven entre dos mundos radicales a los cuales él se sentía muy afín: el del dadaísmo y el de la religiosidad llevada al extremo. Cierto es que a partir de 1925 es frecuente encontrar influencias de Freud en todo el abanico de las artes performativas, incluso uno de los mejores cartoons de Betty Boop es una aventura onírica de este entrañable alter ego de Mae West.

Frantisek Muzika, Decorado para 'Julietta' de Martinu (1938)

Pero Julietta es algo más que una ópera surrealista. En palabras del propio Martinu: "El mundo es presente sólo en un momento dado, el cual es reemplazado por el siguiente, y todo va cambiando sucesivamente hacia un vacío. De hecho, esto es un problema psicológico y un problema muy viejo del hombre en realidad: '¿Qué es el hombre y qué soy yo, qué eres tú, y qué es la verdad?'. Y en otra ocasión, nuevamente hablando de Julietta, Martinu comenta: "Toda la obra es un esfuerzo desesperado por encontrar algo estable, concreto, en lo cual uno pueda confiar, la memoria, la consciencia, que se ven socavadas a cada momento, transformadas en situaciones trágicas en medio de las cuales Michel [el protagonista] lucha por mantener su propia estabilidad y conservar su sentido común. En caso de que fracase, tendrá que quedarse para siempre en este mundo sin memoria y sin tiempo."

Al igual que en otras de sus óperas parisinas, Martinu amplía la plantilla de la orquesta sinfónica convencional, destacando la incorporación del acordeón. Pero en ninguna otra alcanzó el exquisito refinamiento instrumental que en esta ópera escrita para ser dirigida por Václav Talich (1883-1961), dedicatario de Julietta, quien la estrenó en Praga. Igualmente ambiciosa fue la escenografía de František Muzika (1900-1974), al grado que este gran pintor elaboró a posteriori una serie de obras inspiradas en Julietta.

Nina Tarandek (Kleiner Araber) Kurt Streit (Michel), Damenchor, Statisterie der Oper Frankfurt

Así pues el homenaje franconiano a Martinu implicaba necesariamente un ambicioso desafío interpretativo y creativo que, de tener éxito, puede convertir esta producción del siglo XXI en un punto de partida para un retorno al repertorio de Julietta. El propio Martinu escribió que Julietta necesitaba luz, que no debía ser una ópera oscura, y este precepto fue mantenido por Jan Hartmann, responsable de la iluminación de esta producción, quien logró a través de una iluminación plena, casi expositiva, la deseada sensación onírica. Por su parte la directora escénica Florentine Klepper y el escenógrafo Boris Kudlicka interpretaron que el ámbito natural para la peripecia de Michel, el viajero, es el hall de un hotel con una decoración funcional protominimalista de los años 1960. Esto posibilita un amplio espacio escénico en el cual el hall es a la vez el lugar de los encuentros de Michel con los otros personajes y la plaza mayor, lugar de reunión en las acciones colectivas. Una ambivalencia que permite que el hall tenga la intimidad suficiente para el reencuentro entre Michel y Julietta y la publicidad necesaria para el resto de los personajes, sin precisar apenas cambios para transformarse en el laboratorio de los sueños del tercer acto. Una exquisita dirección actoral, tanto en el plano corto como en los travellings a lo largo de la escena, se suma a unos afortunados figurines de rico colorido, acordes con la moda pop del momento en el que se desarrolla la acción de esta afortunada producción.

Weigle, que alternaba Julietta con Rosenkavalier [leer reseña] exhibió una vez más su capacidad analítica, su sensibilidad y su inteligencia dramática al servicio de una partitura enormemente compleja, como antes indiqué. Martinu es un maestro de la sutileza tímbrica y armónica y cualquier ligero desequilibrio puede llevar al traste la delicadeza de su música, tan sólida como frágil y siempre adaptada a la dramaturgia. Una vez más la Frankfurter Opern- und Museumorchester mostró esa calidad y flexibilidad que tantas veces he elogiado.

Juanita Lascarro (Julietta) y Kurt Streit (Michel)

Para mi siempre es un placer escuchar a Juanita Lascarro, solista de la Ópera de Fránkfurt y una espléndida soprano mozartiana, a la cual el papel de Julietta le viene vocal y físicamente como anillo al dedo, y al que aporta un lirismo totalmente acorde con el gusto neoclásico de los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Igualmente gozosa fue la creación de Michel por parte de Kurt Streit, el cual se movió con soltura en un rol que le exige combinar la firmeza de quien puede perderse si renuncia a sus convicciones con la inseguridad de quien se encuentra con obstáculos cuya comprensión le excede y que atacan directamente a sus creencias y su sentido de la realidad. En su variedad y contraste, los otros veintiocho personajes -repartidos entre nueve cantantes- parecen diseñados para lucimiento del competente elenco de la Ópera de Fránkfurt: entre ellos destacaría a Nina Tarandek, tanto haciendo de 'Botones' como de 'Pequeño árabe', y a Boris Grappe y Magnús Baldvinsson. Impecable como de costumbre el coro.

Nina Tarandek (Kleiner Araber), Magnus Baldvinsson (Alter Araber), Beau Gibson (Kommissar), Boris Grappe (Mann mit Helm), Kurt Streit (Michel), Andreas Bauer (Mann am Fenster), Damenchor, Statisterie der Oper Frankfurt

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