"Quiero desarrollar una nueva forma de arte ... que figure junto a la gran ópera como el cuarteto junto a la orquesta". Son reflexiones de Benjamín Britten en vísperas del estreno mundial en Glyndebourne (1946) de La violación de Lucrecia, su ópera de cámara escrita enseguida de Peter Grimes. Sólo trece instrumentos le fueron necesarios a Britten para crear una de sus más geniales partituras, a saber dos violines, viola, chelo, contrabajo, flauta, oboe, clarinete, fagot, trompa, arpa, piano y percusión. La batuta de Ernest Ansermet presidió esta pequeña orquesta y un número reducido de cantantes similarmente ilustres: la hoy legendaria Kathleen Ferrier tuvo a su cargo el papel protagónico, y Peter Pears y Joan Cross se encargaron respectivamente del coro masculino y femenino, dos narradores que transitan una tesitura particularmente…
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