Es ‘normal’ que un cantante famoso acuda, para una gira de conciertos con orquesta (en los que esta no es siempre la misma ni particularmente distinguida) elija a un colega director confiable. En esto, no hay nada que decir que no se haya dicho, por ejemplo, para Kaufmann o, aun más, Alagna (también tenores). Lavalle es un hombre joven y simpático, algo impulsivo (su batuta se le cayó dos veces aunque alguien insinuó que tal vez era algo buscado; no me lo pareció, pero vaya uno a saber). El caso es que, comprometido con el proyecto de Flórez en Perú, inspirado a su vez en el famoso método Abreu de Venezuela (y sí, qué vamos a hacer, no todos los males vienen de allí; incluso a veces pueden servir de ejemplo), sólo dirigió -demasiado vigorosamente, y en particular en su sección final- de modo adecuado la Obertura de La Favorite. En música…
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