Discos

Genoma magiar I

Paco Yáñez
lunes, 17 de agosto de 2015
Béla Bartók: Obra coral completa. Zoltán Kocsis, piano. Coro de la Academia de Música Liszt y de la Universidad Eötvös Lóránd. László Dobszay, director. László Göz, productor. János Bohus, Gergely Lakatos y Kálmán Melha, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 114:25 minutos de duración grabados en Budapest (Hungría), en enero, junio y septiembre de 2008. BMC Records CD 186
0,0002999 Cuando en 1940 Béla Bartók (Nagyszentmiklós, 1881 - Nueva York, 1945) arribó al puerto de Nueva York, en lo que sería un viaje a América sin retorno (en vida), uno de los baúles que atesoró con un mayor cuidado, del que nunca se quiso separar, ni tan siquiera en su exilio ultramarino, fue el que contenía las transcripciones musicales que había realizado durante décadas recorriendo los pueblos y aldeas de su Hungría natal (incluyendo Rumanía, parte a principios del pasado siglo del Imperio Austrohúngaro, en el que Bartók había nacido). Esas transcripciones, fruto de un constante y sesudo trabajo etnomusical, nutren el catálogo del compositor en muchas de sus partituras, incluso aquéllas que inicialmente nos puedan parecer más modernas, abstractas y desligadas de una raíz folclórica, por Bartók sublimada en nuevas formas de expresión artística: obras como los cuartetos de cuerda, sus conciertos para piano y violín, la Suite de danzas, las Cuatro piezas orquestales, o ese friso testamentario de una Hungría-como-Arcadia-en-el-recuerdo que es el Concierto para orquesta... 

...ahora bien, si unas partituras del catálogo bartokiano conservan el sabor de la Hungría tradicional, alquitaran melodías, polifonías, modos y estructuras armónicas centenarias, ésas son las recogidas en su obra para coro: un bello recorrido por unas topologías acústicas que Béla Bartók quiso salvaguardar del sordo acecho del olvido. El sello húngaro BMC Records nos ofrece ahora la grabación íntegra de la obra coral de Béla Bartók, en una excelente edición al cuidado del director László Dobszay al frente del Coro de la Academia Liszt y de la Universidad Eötvös Lóránd. Tal y como Dobszay nos apunta en el libreto de BMC -dentro de su interesante ensayo sobre la interpretación de estas partituras-, sus dos premisas fundamentales a la hora de dirigir estos coros fueron su búsqueda de la belleza (rehuyendo el carácter «bárbaro» a veces asociado a Bartók, su vena más agresiva y virulenta) y la intención de hacer todo audible en el conjunto de cada masa coral, sin sacrificar ninguna línea, voz o estructura a lo que se podría diluir en un marasmo «atmosférico». Para el director húngaro, cantar o dirigir las obras corales de Bartók es analizar y conocer el fraseo y la declamación como proceso armónico compuesto de notas que tienen un comienzo, una duración y un fin muy premeditado, cargado de motivos, que intenta desentrañar, y en el que el resultado son acordes en los que, así, brota la transparencia, al tiempo que una ligereza, un fluir del que el coro apropia, pues es ahí donde comienza su comodidad, su identificación con una música que parte de textos del folclore húngaro, rumano y eslovaco.

Muy recomendable, la lectura del ensayo a cargo de László Dobszay, en el que se adentra en las complejidades que supone la relación entre texto y música: desde los «clústers de consonantes» a la articulación, pasado por los patrones rítmicos derivados de la prosodia, la puntuación del texto, los más enrevesados grupos consonánticos, etc. Sus ideas son perfectamente audibles en los dos compactos que BMC nos presenta, con unas lecturas corales plenamente estilizadas, fluidas, naturales y de excelente dicción. Es ello parte del 'peaje' que la obra de Bartók paga al estar 'confinada' de forma mayoritaria en Hungría, debido a su dificultad idiomática, tal y como apunta András Wilheim en sus extensas y magníficas notas.

Un buen ejemplo de ello lo constituiría el primer compacto de esta edición, dedicado en su integridad a los ocho volúmenes de los Két- és Háromszólamú kórusmü gyermek - és nöikarra (Coros a cappella femeninos e infantiles en dos y tres partes) Sz. 103 / BB. 111a (1935-36), piezas de una levedad y un lirismo bellísimo, al tiempo que notablemente intrincadas en sus polifonías (especialmente las piezas femeninas). Se trata de partituras que nos remiten, asimismo, a la labor pedagógica de Béla Bartók, en la línea de su Mikrokosmos, si bien aquí la dificultad no se gradúa de un modo tan escalonado como en el ciclo pianístico (por otra parte, más extenso: unos 150 minutos, por tan sólo 45' estos coros a cappella). Las voces del Coro de la Academia de Música Liszt y de la Universidad Eötvös Lóránd son soberbias, su adecuación idiomática es total, confiriendo László Dobszay en su dirección esa transparencia de la que habla su ensayo, por lo que se trata de lecturas especialmente inteligibles a la par que etéreas, frágiles, delicadas y pulcramente afinadas. Belleza sin paliativos y excelencia técnica, pues no pocos de los pasajes más veloces se estructuran en cánones enrevesados aquí tan perfectamente audibles como lo serán algunas de las partituras más abigarradas, complejas y modernas que escucharemos en el segundo compacto.

Ese segundo disco recoge un abanico de obras y periodos en la escritura de Béla Bartók mucho mayor (además de más amplio en tesituras vocales, al comprender coros masculinos y coros mixtos), desde la temprana Est (Atardecer) DD. 74 / BB. 30, del año 1903, hasta Elmúlt idökböl (De los viejos tiempos) Sz. 104 / BB. 112, compuesta en 1935. Incluso piezas posteriormente no publicadas (hasta rechazadas por el autor), como la breve Est, muestran notables intenciones, allí en clave de composición para su círculo de amistades. Con las Két román népdal (Dos canciones populares rumanas) Sz. 58 / BB. 57 nos adentramos en el antes mencionado territorio de lo etnomusical, a partir de un trabajo de campo del año 1909, con posteriores transcripciones y arreglos en sucesivos momentos, algo que se da en muchas de estas partituras, sobre las que Bartók volvía para perfeccionar los resultados de sus transcripciones, así como para adecuarlas a efectivos de diferentes cuerdas vocales y tamaños. Análogas situaciones para las Négy régi magyar népdal (Cuatro antiguas canciones populares húngaras) Sz. 50 / BB. 60, con un ciclo fechado en 1910 y otro entre 1926 y 1928, o para las Tót népdalok (Canciones populares eslovacas) Sz. 69 / BB. 77 (1917), para las cuales existen también versiones con texto en húngaro. Esto se da, igualmente, en las Négy tót népdal (Cuatro canciones populares eslovacas) Sz. 70 / BB. 78 (1917), ya sea en la versión magiar o en el original con piano, ambas presentes en esta edición. Destaca sobre las restantes piezas esta versión pianística de un ciclo en el que Béla Bartók combinó el folclore eslovaco con la herencia liederística centroeuropea, creando un todo compacto, denso y muy personal, de reminiscencias netamente eslavas que conectan estas piezas con las de los compositores rusos de la primera mitad del siglo XX, anticipando parte de sus hallazgos técnicos y expresivos.

El recorrido por la música coral de Béla Bartók se completa con otro ciclo de canciones húngaras, las Négy magyar népdal (Cuatro canciones populares húngaras) Sz. 93 / BB. 99, del año 1930; con el ya citado ciclo de tres canciones Elmúlt idökböl; y con las Székely népdalok (Canciones populares Székely) Sz. 99 / BB. 106 (1932-33). Entre ellas, nos encontramos con encargos de coros suizos y alemanes, a pesar de lo cual no abandonará Bartók la lengua magiar para sus versiones 'definitivas'. En otros casos, los encargos habían llegado al compositor desde el Imperio Austrohúngaro, para sus tropas en el frente de la Primera Guerra Mundial: canciones para las trincheras, para elevar la moral, para portar reminiscencias de los orígenes, de la cultura magiar cuyo genoma explicita Béla Bartók en estas partituras, alimentadas de sus vivencias en los pueblos desde los que partieron muchos de cuantos combatieron por un imperio tras cuyo resquebrajamiento el mapa político que Bartók había conocido se hizo añicos: previo paso para el avance de aquellos sinsentidos que se incubaron en el huevo de la serpiente del periodo de entreguerras. Tras su eclosión, el rechazo frontal a los totalitarismos por parte de compositor y su subsiguiente exilio americano; en sus maletas, estas transcripciones, una forma incruenta de ganar su batalla, la de la pervivencia de las raíces musicales del folclore húngaro, rumano, eslovaco: voz, en tantos casos, de los sinvoz en el sofisticado mundo de la música clásica, en la cruel geoestrategia de la dominación...

Al igual que sus compañeras en el primer compacto, las voces masculinas del Coro de la Academia de Música Liszt y de la Universidad Eötvös Lóránd, de nuevo con László Dobszay al frente, además de con el siempre soberbio Zoltán Kocsis al piano en las Cuatro canciones populares eslovacas, dan una lección de canto, sensibilidad, dicción, arquitectura polifónica y exquisitez técnica, ya sea en los compases más melódicos, en el parlato, o en las texturas más complejas y aguerridas, que nos ponen ya sobre la pista de piezas aún mayores en el catálogo de Bartók en lo que a lo coral se refiere, como la propia Cantata profana Sz. 94 / BB. 100 (1930).

La grabación de estas partituras es también exquisita, de inmaculada nitidez y transparencia; por lo que, unido a las notas de András Wilheim y László Dobszay, y a la cuidada edición de BMC Records, que incluye en su atractivo libreto el texto de todas las canciones recogidas, estos compactos se recomiendan solos para completar un apartado en el catálogo de Béla Bartók que habitualmente no solemos conocer en detalle ni tener presente en nuestras discotecas de forma tan bien servida como las obras orquestales y camerísticas del genio húngaro.

Estos discos han sido enviados para su recensión por BMC Records
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