Mozart y Bruckner siempre hacen buena pareja (lo mismo que Haydn y Mahler, pero por las razones contrarias): en Mozart, y particularmente en sus conciertos para piano, siempre hay una miaja de drama; mientras que en Bruckner no hay drama de ninguna clase, y en cambio hay una tensión tremenda. De manera que el contraste -siempre deseable en cualquier espectáculo musical- está servido (con el añadido de que las dos obras del programa de esta noche están escritas en la misma tonalidad). En el Concierto nº 18 de Mozart -que no es de los más frecuentes en los atriles- el drama está muy sutilmente escondido en su Andante, mientras que los movimientos extremos son alegremente traviesos. Y aunque nunca antes había escuchado al pianista australiano (nacido en Sudáfrica en 1979) Kristian Bezuidenhout, me quedé tan impresionado al leer su biografía…
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