Zubin Mehta sigue entrando en el escenario con el cuerpo bien erguido, pero con el paso más lento, arrastrando un poco los pies; le cuesta subir a la tarima (de dos peldaños, como siempre), y hay que ayudarle a bajar. El año que viene -parece mentira- será ya octogenario; y si Dios (o Vishnú) le da salud -que se la dará-, en 2019 celebrará cincuenta años como consejero musical de la Orquesta Filarmónica de Israel. A partir de ahí, pulverizará todos los récords mundiales y olímpicos de permanencia como responsable de una orquesta en la disciplina de la batuta; y si no, al tiempo. El caso es que, una vez metido en harina, no se le notan las canas, porque Mehta sigue dirigiendo igual que siempre: el brazo derecho tan impecable como implacable, y el brazo izquierdo prácticamente inmóvil, o como mucho inexpresivo. Y como en la Filarmónica de…
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