No deja de asombrarme la imaginación de Simon Rattle para confeccionar los programas de sus conciertos. En el de esta noche, dos obras muy poco tocadas -incomprensiblemente, a Britten no hay quien le saque de casa, y atreverse con la Cuarta Sinfonía de Shostakovich es una temeridad-; escritas casi contemporáneamente -la de Britten es de 1937, y la de Shostakovich del año anterior-; firmadas por dos compositores que acabron siendo estupendos amigos; y que, faltaría más, parecen escritas ad maiorem gloriam de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Benjamin Britten compuso a todo correr sus Variaciones sobre un tema de Frank Bridge (homenaje a un maestro cuyo único alumno fue el propio Britten), en cuanto su amigo Boyd Neel -un médico y oficial de la armada que había dirigido la primera transmisión radiofónica de su Sinfonía Simple, y que había…
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