Vilde Frang es una violinista fascinante. Su forma de tocar el violín es íntima, depurada y muy consciente, sin adornos ni guiños, y su forma de comprender a Brahms tiene que ver con una visión acorde: la sutileza del violín frente a la fuerza de la orquesta, que en manos de Petrenko fue una fuerza arrolladora. En realidad, en manos de Petrenko no sólo la orquesta arrolló, también una sola flauta vencía al sonido del Vuillaume de Vilde Frang, y en una primera instancia uno pensaría que tal vez el instrumento no rinde todo el sonido necesario para un concierto como el de Brahms, aunque resulte exquisito en cámara. Pero los Vuillaume no suenan poco, sino que suenan poco depende en qué manos y también en función del director que trabaje al lado. Petrenko no fue, en ningún momento de la tarde, un prodigio de comedimiento, sino al contrario,…
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