Discos

Vinci cabalga de nuevo

Raúl González Arévalo

miércoles, 23 de septiembre de 2015
Leonardo Vinci, Catone in Utica (1728). Juan Sancho (Catone), Franco Fagioli (Cesare), Valer Sabadus (Marzia), Max Emanuel Cenčić (Arbace), Vince Yi (Emilia), Martin Mitterrutzner (Fulvio). Il Pomo d’oro. Riccardo Minasi, director. 3 CD (DDD) de 233 minutos de duración. Grabación efectuada en Villa San Fermo, Lonigo (Italia), entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 2014. Decca 478 8194. Distribuidor en España: Universal

En el año 2001, rebuscando entre las rarezas y los discos descatalogados de una pequeña tienda de Nápoles, me encontré con un sorprendente recital de Ernesto Palacio, el ex-tenor rossiniano mentor de Juan Diego Flórez y flamante nuevo director del Rossini Opera Festival. Se trataba de Re ed Eroi di Pietro Metastasio, grabado en 1993 en el sello Arkadia. Junto con obras de Jommelli, Pergolesi, Hasse, Leo y Vivaldi figuraban dos arias de este Catone in Utica de Leonardo Vinci abriendo el programa. Recuerdo que entonces pensé que difícilmente iba a escuchar la obra en su integridad. 

En 2012 la extinta Virgin registraba y posteriormente promocionaba a bombo y platillo una grabación de Artaserse, la última ópera de Vinci. La belleza de la música y la proeza de reunir en una sola grabación cinco de los mejores contratenores en circulación, incluyendo los tres que ostentan el triunvirato supremo (Jaroussky, Cenčić y Fagioli) y dos cada día más afirmados (Sabadus y Mynenko), recordando la práctica que obligaba en los Estados Pontificios a que los castrados encarnaran también papeles femeninos, hizo del lanzamiento un auténtico bombazo. Dos años más tarde Decca se sube al carro del éxito y aprovechando el contrato en exclusiva con Cenčić y Fagioli les reúne de nuevo, con la misma filosofía, para este Catone in Utica, intentando repetir el éxito cosechado.

La audición de la nueva obra reviste un indudable interés. Las notas de Kurt Markström son mucho más que una mera introducción al compositor y la trama, realmente hay un interesante análisis de la estructura dramática y los puntos fuertes de la música que hacen la escucha más atractiva aún. Sin embargo, la impresión final es que el impacto de Artaserse no se repite, aunque el nivel sigue siendo muy alto. La ausencia de Jaroussky y la distinta sensibilidad dramática de Minasi frente a Fasoli pueden ser algunas de las claves. 

El punto fuerte de la grabación lo constituye el Arbace del croata. Cenčić está glorioso, tanto en la forma vocal como en la madurez artística, confiriendo una capacidad de expresión a su personaje realmente extraordinaria, en el dominio de la palabra y en el uso de los recursos expresivos del canto barroco. A su lado, Franco Fagioli repite papel creado por el gran Carestini. A diferecia del eslavo, el canto está menos equilibrado y descolla más en la coloratura que en la expresión de afectos más tranquilos, aunque está soberbio en las explosiones de 'Soffre talor del vento' y en 'Se in campo armato'. 

Valer Sabadus se afirma con cada grabación que realiza. Como en Artaserse, el timbre más delicado lo hace adecuado para un papel femenino, y la capacidad del intérprete es magnífica en uno de los primeros ejemplos de aria agitata ('Confusa, smarrita'), así como en el sorprendente y dramático recitativo del acto 3 en el que intenta huir a través de un acueducto subterráneo. En el otro papel femenino Vince Yi no resulta tan satisfactorio, ni por timbre (ácido en el agudo) ni por talla de intérprete, menos fantasioso, si bien sería injusto decir que no cumple decentemente su cometido. 

Dos tenores comparecen en la ópera. Juan Sancho tiene las arias cantadas por Ernesto Palacio. Sin duda más fonogénico, responde a las exigencias que requiere la resuelta 'Va, ritorna al tuo tiranno' y al carácter del personaje en general. Apenas de podría reprochar algún portamento fuera de estilo y un registro agudo en ocasiones un tanto esforzado. En todo caso, el canto resulta más adecuado que el del Fulvio de Martin Mitterrutzner. 

Il Pomo d’Oro suena tan bien, adecuada, contrastada y flexible como se pueda desear. Y la dirección de Minasi confiere gran viveza a los recitativos -difícil que no decaiga la tensión en una obra tan larga- y elige tiempos adecuadamente contrastados para las arias en función de los momentos dramáticos.

Ya sólo nos quedan Publio Cornelio Scipione, Farnace, Ifigenia en Tauride, Rosmira fedele, y Alessandro nell’Indie, reconocidas entre las mejores del catálogo de Vinci. Entre tanto, el croata en octubre lanzará un recital de arias barrocas napolitanas. Y parece que hay previsto un Germanico in Germania de Porpora. No es poco consuelo.  

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