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Una temporada más se nos avecina y hay que afinar los instrumentos. Es por ello que la Orquesta Filarmónica de Santiago no ha querido desconocer una tradición ya instaurada en las "no temporadas" estivales y realiza conciertos gratuitos tanto en su casa, el Teatro Municipal, como en diversas ámbitos y comunas del país. La cereza de la torta, luego de las presentaciones gratuitas del Ballet de Santiago -a las que asistieron 37 mil personas- y de una serie de conciertos -también gratuitos- que comenzaran el 25 de febrero, podrá ser devorada por el público capitalino el día lunes 4 de marzo a las 20.30 hs en la Plaza de Armas, lugar ya tradicional para este tipo de conciertos. Todo esto gracias patrocinio de la Ley de Donaciones Culturales.El pequeño ciclo de cuatro presentaciones, todas bajo la batuta del maestro chileno José Luis Domínguez, contempla dos conciertos en el Teatro Municipal, una en el Municipal de Rengo y la última, como se anunciaba antes, en la Plaza de Armas de Santiago de Chile. Dos programas han sido preparados para la ocasión, pensando, como suele suceder, en que obras más "populares' por decirlo de alguna forma, serán más atractivas -por no decir tragables- para un público poco acostumbrado a asistir a este tipo de eventos. Craso error, por cierto, que suele cometerse y que, nuevamente, se presenta, aunque no con la alevosía a la que nos tienen acostumbrados los programadores culturales de Chile. Lo anterior, pues aunque las obras a interpretar sean clásicos de la clásica, igualmente proponen un juego interesante que no ha de desconocerse, sobre todo en el segundo programa.Pero vamos por partes. El 25 y 26 de febrero compusieron la seguidilla de obras Poeta y Aldeano de Franz von Suppé, la obertura de la ópera Guillermo Tell de Gioachino Rossini, Una noche en el Monte Calvo de Modesto Mussorgsky, Finlandia Op. 26 de Jean Sibelius, Obertura Festival Académico de Johannes Brahms y Ruslan y Ludmilla de Mikhail Glinka. Obviando, por cierto, al Llanero Solitario y a Gaudeamus Igitur, las demás obras son, ciertamente, aunque muy conocidas y manoseadas, partituras de gran maestría y no tan "Classics for export' como se podría esperar. Para muestra basta un botón, pues los cuatro o cinco minutos de música que ofrece la obertura de la obra de Glinka -por cierto muy desconocido por estos lares, más que por este trozo y alguna otra cosita extra- alcanzan para poner al público en tema y dar toques absolutamente brillantes a un concierto.Para el segundo programa la cosa se viene más "seria' presentando la "obertura fantasía' Romeo y Julieta y la Sinfonía Nº5 Op. 64, ambas de Piotr Ilyich Tchaicovski. La primera de ellas pretende contar en no más de veinticinco minutos el hilo conductor de la maravillosa creación de Shakespeare a través de la utilización de distintos temas, con los que dar vida a los personajes y crear las distintas situaciones. La segunda obra, aunque no tan famosa como la Sinfonía N°6 o, incluso, la N°4, es una grande y majestuosa partitura, llena de simbolismos y sentimientos, como toda la obra del compositor ruso.Sin lugar a dudas, cuatro interesantes oportunidades para disfrutar de un espectáculo por demás interesante, presentados, sobre todo el último, en ámbitos muy atractivos y que, gracias a la acción y el patrocinio de la Ley de Donaciones Culturales colabora a difundir esta tan huída expresión artística de la música sinfónica.
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