Debo confesar que cuando me toca escribir una reseña crítica regular o mala, en el fondo de mi intelecto no puedo dejar de sentir pena por lo que eventualmente las palabras puedan producir en sus destinatarios. No es este el caso. En la fecha del epígrafe viví un tiempo que solo puede producir felicidad. Les cuento.
En mayo pasado se inauguró en la Capital Federal el auditorio denominado La Ballena Azul con capacidad para 1750 oyentes. Es oportuno mencionar que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el único auditorio, construido como tal, era el de Belgrano y que la Orquesta Sinfónica Nacional, fundada en 1948, nunca tuvo hogar, como se llama a la sede donde ensaya y actúa el organismo sinfónico que depende de una nación. Pues bien, ambas circunstancias están solucionadas. Este fue un viaje relámpago que hice por motivos particulares y…
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