“Kullervo” de Sibelius no es sólo una composición de fuerte impulso épico, es también una obra cuya programación requiere de decisión y valentía. Pese a la actividad en el pequeño territorio vasco de dos orquestas sinfónicas, dos, y de varias masas corales de primer nivel, “Kullervo” no se había hecho antes en Euskadi. Al ofrecerla, el inicio de la temporada de la Sinfónica de Euskadi adquiría valor de proclama, de declaración de intenciones: no parece que la orquesta vaya a segar lo ya cosechado de la mano de Jun Märkl y Oriol Roch, sino que parece asumir su irrenunciable papel de instrumento cultural público con potencial y vocación de roturar, sembrar y apostar, a la vez, por su público actual y por futuras cosechas. Esta lectura de la presencia de Kullervo en el programa inaugural de una temporada era uno de los factores a valorar a…
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