Después del recital L’Amour dedicado al repertorio francés [leer crítica] y de tantos discos dedicados a Rossini y el bel canto, no podía haber un viraje más comercial en la discografía de Juan Diego Flórez. Imagino que Decca no ha podido resistir el impulso de explotar el tirón de su tenor insignia y han decidido sacar este popurrí de canciones italianas, sin más coherencia ni unión que formar una selección personal del cantante. No es un monográfico de canciones de autores operísticos, aunque aparecen Donizetti, Rossini y Leoncavallo; no es un monográfico de canción napolitana aunque hay clásicos de DiCapua, Tosti y De Curtis. Y de guinda, Domenico Modugno.
La informalidad del registro es tal que en el disco ni siquiera aparecen, ni en la contraportada ni en el interior, los nombres de los compositores de las piezas. Hay que buscarlos…
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